Pionera y actual referente andaluz y nacional de la lucha
por los derechos de las mujeres trans. Nacida como Joaquín Pérez
Fernández-Figares en Granada en el año 1941, hoy día es conocida como Kim Pérez
e inscrita como Kim Joaquina Pérez Fernández-Figares. Hija primogénita de una
familia acomodada y tradicionalista de la España de la posguerra y con una
infancia en el mundo rural donde teniendo contacto con las necesidades de la
época obtuvo una educación humanísticamente tradicional.
A los trece años ya era consciente de sus diferencias y no tenía nadie quien le pudiera clarificar o explicar sus sensaciones o sentimientos, época en la que en España no había información alguna sobre estas cuestiones y debe esperar hasta la llegada de las primeras oleadas feministas, ella tenía unos cuarenta y pocos años, para ir adecuando su posición personal y existencial. Así, si el feminismo abogaba por la liberación de la mujer y esto ocurría, cualquier condición o realidad humana podría ser superada. En 1991 se empieza hablar de las personas “trans” y es cuando Kim empieza a dar la cara mostrando sus peculiaridades al mundo, es verdad que la primera vez que sale una fotografía suya, ilustrando unas declaraciones en un medio de comunicación, sale de espaldas.
Tiene cincuenta años y ha comenzado lo que es irreversible, la lucha por dotar a la sociedad de normas de convivencia para las personas trans y, con su participación y militancia, es posible que en el año 1977 el defensor del pueblo andaluz informara, de forma extensísima y prolija para que el Parlamento de Andalucía hiciese un reconocimiento a favor de los derechos de las personas trans y en el año 1999 incluyera en el catálogo de prestaciones sanitarias el tratamiento y las cirugías de reasignación de sexo, convirtiéndose en la primera comunidad autónoma de España en hacerlo. En el año 2013 inicia una huelga de hambre en protesta por el retraso en la aprobación de la ley integral de transexualidad.
Vuelve a Granada, pero no puede recuperar su plaza de profesora en la institución universitaria, esta circunstancia le da la oportunidad de atender a su padre ya enfermo de gravedad. Participa en una cooperativa de enseñanza y empieza su dedicación como profesora de Ética y Formación Humanística que le ocupa desde 1976 a 2006, fecha de su jubilación. Es autora de varios textos, tanto de poesía como ensayos temáticos, así publica El asomo de la vida (1969), Andalucía en España (1978), Condición y libertad (1981), y publicados por la propia autora Razones sobre la Historia (1976) y Bosquejo para el estudio de una línea (1977). No publicados tiene ensayos como Hipoandrogenia, TSX-F y Teoría de Conjuntos difusos de sexogénero. También dispone de abundante poesía y estudios sobre la procedencia judía de su familia, Pérez o Farfanes en Loja.
Esto lo valoraba aún más porque su extracción social, le dificultaba su expresión vital al tener que defender una posición o estatus determinado. Esta continua negación de su interior se reflejaba en una personalidad poco estable, cuestión que cambia cuando a partir del año 1991 se enfrenta a los convencionalismos sociales y se confiesa como persona trans, consiguiendo la estabilidad personal que le acompaña a lo largo de su vida. Culmina este proceso en el año 1995 sometiéndose a la operación de reasignación de sexo. En toda su trayectoria es digno de mencionar que más que luchar por conceptos y derechos políticos ha luchado por las personas, su dignidad y derecho a una vida igual sin limitaciones ni guetos.
Si en un principio se definía como trans y sus derechos eran defendidos por el movimiento feminista, a partir del congreso nacional feminista del año 1993 ha ido viendo como diversos intereses fragmentaba a este movimiento, habiendo grupos que no admite lo trans o como el movimiento Trans-Exclusionary Radical Feminism (terf) vuelve al trasnochado binarismo hombre-mujer, ella pregona que la realidad es mucho más compleja y que hay personas que no son una cosa ni la otra, están entre los dos sexos.
La realidad del ser no es binaria y además es muy variada. Por ello confiesa que el movimiento feminista debe ser un movimiento de liberación de la mujer, no solo como mujer, sino como persona y por lo tanto también liberador del hombre. Hoy se define como Yo soy Yo, “soy hombre, no; soy mujer, no; soy intersex, si, pero hay mucha diversidad y yo soy como soy”, cada uno somos únicos con derecho a vivir como somos y a ser respetados como somos.
[Á.R.R.]

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