Princesa de la dinastía nazarí de
Granada, que destacó por su activa participación en los asuntos cortesanos y
políticos de la Alhambra. Vivió entre los siglos XIII y XIV (llegó a ser
nonagenaria), fue nieta, hija, madre y abuela de reyes, interviniendo
directamente en los acontecimientos políticos que tuvieron lugar durante su
dilatada vida.
Nacida hacia 1260, era nieta de
Muhammad I, primer rey del Reino de Granada de la dinastía de los nazaríes,
quien sería más conocido como Ibn al-Aḥmar, castellanizado Alhamar, por la
coloración roja de su barba. Fátima era hija de Muhammad II, segundo rey nazarí de Granada y
hermana de Muhammad III y Nasr, tercero y cuarto rey de la
dinastía nazarí. Fue la progenitora de Ismail I de Granada, quinto rey nazarí y, tras la
muerte de este por asesinato, ejerció ella misma de tutora sobre sus
nietos, Muhammad IV, sexto soberano, y Yusuf I,
séptimo soberano en la corte granadina.
Ha sido biografiada por la
arabista María Jesús Rubiera Mata en La princesa Fátima Bint
Al-Ahmar, “la María de Molina” de la dinastía Nazarí de Granada (Universidad
de Murcia, Servicio de Publicaciones, 1996). Para esta arabista “La figura de
Fátima es excepcional en la historia del Al-Ándalus, donde otras mujeres
pudieron desempeñar papeles políticos, pero en lo que podríamos llamar
“política de harén” entre concubinas y eunucos, campo de batalla ajeno a esta
princesa, adornada de dotes intelectuales”.
Con veinte años, se trasladó a
Málaga para casarse con un primo de su padre, Abu Said Faray, quien era el
caudillo de esa estratégica plaza. Tuvo dos hijos, Ismail I y Muhammad. Con el
derrocamiento y encarcelamiento de su hermano Muhammad III por parte de su
medio hermano Nasr, comenzaría la actividad política de Fátima, precisamente en
contra de este. La princesa Fátima regresó a Granada y urdiría junto a su
esposo la estrategia que acabaría destronándolo y consiguiendo que su hijo Ismail
fuera proclamado emir. Gracias a esta intervención, se produjo el fenómeno de
transmisión del poder por línea femenina dentro del linaje de la Alhambra. Su
intervención en los asuntos políticos nazaríes era grande y no se redujeron
cuando su hijo Ismail fue asesinado y le sucedió su nieto Muhammand IV, pues
Fátima quedó como responsable-tutora de este, al ser menor de edad, de forma
que se convirtió en una gran protectora de su reinado, en ocasiones con
asesinatos de por medio, para proteger su linaje.
El posterior asesinato del rey
Muhammad IV dejaba una vez más a Fátima en primera línea política del Reino
Granadino y ejerció de nuevo la tutela del segundo nieto, Yusuf I, cuando era
menor. En el reinado de este sultán, considerado como uno de los más brillantes,
tuvo mucho que ver la impronta de su abuela. Cuando ella falleció, el 26 de
febrero de 1349, las crónicas de aquella época relatan los honores que recibió
en sus exequias fúnebres, acorde con su dignidad y por el enorme legado dejado
por esta mujer granadina.
[L.A. Mª. C.]

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