Consuelo García
Blanque (2-03-1950; Alcóntar, Almería) fue la primera mujer traumatóloga en
Granada. Nacida en una familia de agricultores (su padre era panadero) y estaba
destinada a seguir la trayectoria de las mujeres de su generación, como
referentes de amas de casa tenía a su abuela y a sus tías.
Y ahí empezó el cambio de rumbo que ha guiado toda su
vida profesional desde entonces. El mundo de la Medicina y más aún el de la
Cirugía era reservado a los hombres. Hasta 1920 no hubo en la UGR una
Licenciada en Medicina (Eudoxia Píriz) y, hasta 1967, no salió de la Facultad de
Medicina una mujer con el doctorado; las pocas mujeres doctoradas en medicina
habían de dirigirse a especialidades consideradas “de mujeres”. La Cirugía era
un mundo de exclusivamente de hombres.
En el Independiente
de Granada, el 29 de diciembre de 2019 comenta: “A pesar de que algunos
compañeros me destruían experimentos, yo los repetía, pude concluir el estudio
y un día 9 de julio de 1979, fecha en que presenté la defensa, un Tribunal muy selecto
concedió un Sobresaliente cum laude a mi trabajo, con lo que tendría disponible
el Título de Doctor en Medicina y Cirugía”.
Consuelo tenía 29
años y era, en la UGR, la primera mujer en conseguirlo. Le queda la sensación
de que tuvo que esforzarse el doble en un mundo exclusivo de hombres. Otra vez
me remito a sus palabras: “Ser mujer, de pueblo, humilde, sin antecedentes
ya limitaban mi deseo de ser estudiante ¿Ser médico?, una ilusión" (…) “Lo
extraño es que de la Facultad de Medicina de Granada no salió ninguna
especialista en Traumatología, Cirugía Ortopédica y Cirugía General hasta
tiempos muy recientes, 1979. ¿Cómo ha podido ser esto posible en una
Universidad que se dispone a conmemorar cinco siglos de su historia? Las
estadísticas mundiales nos equiparaban, en 1979, al mismo nivel de doctoras
cirujanas que Madagascar y Vietnam”.
En la capital catalana desarrollará toda su actividad
profesional, pero siguen las discriminaciones y dejo que lo cuente ella misma: “Recorrí
todos los hospitales de Barcelona ciudad y algunos de los alrededores. Los
directores médicos y de servicio, tanto de Cirugía General como de
Traumatología, me recibían incluso sin cita previa. Felicitaciones por mi
currículum y ánimos para seguir, pero había escollos insalvables: era mujer y ni en Cirugía ni en Traumatología había plazas
disponibles para una mujer, pues un embarazo y la condición de
no catalana podrían ser un inconveniente. De todos modos, tampoco me puntuaban
mis títulos. Me apunté al “paro”. ¿Una médico especialista en el paro en
aquellos tiempos? Ser mujer, era una traba, pero los títulos estaban ahí: ¿Por
qué no se me puntuaban mis títulos?”
No le quedó otra opción que empezar como médico de medicina general, en un ambulatorio, hasta que a mediados de los años ochenta, una mutua privada de accidentes tuvo conocimiento de su buen hacer en el ambulatorio. La contrataron como especialista en cirugía traumática. Por fin, casi una década después, empezó a trabajar en su especialidad. Fue muy sonada en ambientes médicos su intervención de una yugular seccionada, que no auguraba nada bueno para el afectado. En el Hospital se asombraron de la maestría en la intervención. El hombre logró salvar la vida.
Así, hasta que, en 1990, una disposición de la Generalitat de Cataluña le permite ejercer como Cirujana Traumatóloga. Y dice: “Con los compañeros podía intercambiar pocas dudas, para ellos yo ya era una duda , así es que, ante mis dudas profesionales, además de consultar libros y apuntes, no dudaba en presentarme en el Hospital que tuviera de referencia, en el Servicio que procediera y presentar el caso Clínico sobre el que yo necesitaba ayuda. Siempre fui bien recibida y atendida”
Se jubiló tras cuarenta años de ejercicio profesional,
abriéndose camino en un mundo de hombres y ganándose el respeto de sus
pacientes primero y de sus compañeros después.
Documentación:
El Independiente de Granada 29-12-2019
[H. F. P.]

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