Fue juzgada y condenada
por un tribunal militar junto a otras cincuenta y cinco personas.
Posteriormente ejecutada junto a sus amigas y hermanas Conchita y Gracia, las
niñas del Carmen de las Fuentes. Concha Moreno nació en 1904 y era la segunda
de nueve hermanos del matrimonio de Rafael Moreno y Matilde Grados. Se educó en
un ambiente cercano a la cultura ya que su padre era un amante de los libros,
escritor de poesía y muy buen orador. Socialista comprometido y a través de la
Casa del Pueblo relacionado con don Fernando de los Ríos y los intelectuales
socialistas de aquella época, a los que acompañaba en los diversos mítines por
la provincia granadina. Su madre modista y también socialista, daba clases de
Corte y Confección y animaba diversos grupos de teatro. Un profundo sentido
religioso animaba este matrimonio que se desvivía por las necesidades de los
más desahuciados.
Apegados a las ideas republicanas, ya desde el inicio de la sublevación, su familia fue objeto de continuas represalias. Detenidos unos hermanos, huidos otros, fue apresado y torturado su padre para hacerle confesar el paradero de los ausentes. Tanto Concha como su madre y hermana pasaban los días a las puertas de la cárcel para aprovechar la mínima oportunidad de visita y atención.
Denunciada por la “tía
del abanico” como participe en la colaboración para facilitar el paso a la zona
republicana de todos aquellos que lo pedían, entró en prisión donde fue
cruelmente torturada para tratar de saber el paradero de sus hermanos. Colabora
en los talleres de confección y mantenía una estrecha correspondencia con sus
padres, donde trata de transmitirles una tranquilidad, que no vivía, pero, que
era necesaria para no alterar la delicada salud de sus progenitores. En la
madrugada del 4 de octubre de 1938 fue sacada de la Prisión Provincial y
fusilada en el interior del cementerio granadino, junto a otra cincuentena de personas.
Carmen Moreno destacaba
en su profesión de costurera. Muy querida y apreciada por sus alumnas de Corte
y Confección, lo que, unido a su juventud, hace que su pérdida levante un
sentimiento popular profundo. Sus padres, cuyo enorme dolor les hace entronizar
una foto de Concha, recibe las innumerables visitas de pésame. Ante el retrato,
algunos se santiguan y se oyen las alabanzas y virtudes de Concha, en alguna
otra ocasión de hasta milagros. [Á.R.R.]

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