La literatura, en todas sus facetas,
fue el medio por el cual la mujer decimonónica intentaba participar, a pesar de
los condicionantes sociales propios de aquella época, en el mundo intelectual
de su tiempo. Carmen Espejo Valverde es una de esas autoras que, como tantas de
ellas, pasaron al olvido. Esto a pesar de intentos encomiables de rescate de su
memoria como el protagonizado por su familia y significativamente por su yerno,
Antonio Serra Morant, a principios del siglo XX.
Nació el 8 de noviembre de 1835, según su partida de bautismo, o posiblemente 1837 según su certificado de matrimonio y de defunción, en el Puerto de Santa María (Cádiz). Primogénita de los cuatro hijos que sus padres Antonio Espejo, natural de La Zubia y empleado de Hacienda, y su madre Antonia Valverde Lasaleta tuvieron. Sin datos de su infancia se le supone una formación esmerada que le llevó a su amor por la literatura. Muy presente en la vida cultural de la ciudad de Granada donde, además de relacionarla con Pedro Antonio de Alarcón o Antonio J. Afán de Ribera, se le conocen múltiples publicaciones e incluso como socia del Liceo Artístico y Literario de Granada.
Las publicaciones más tempranas, principios de los sesenta del siglo XIX, que se le conoce son tres poemas que aparecieron en la revista El Liceo Granadino, “A la Virgen”, “Poesías y Fantasía”. También aparece su firma en periódicos locales como El Genil, Seminario de literatura o El Triunfo. En este último publica de forma póstuma, gracias a su yerno, en el año 1901, por fascículos, la novela Lucía que anteriormente, en el año 1874, se editada en Granada en un solo volumen. Simultáneamente publica en varias revistas madrileñas dedicadas a la mujer, como La Educanda, El Ángel del Hogar y El correo de la Moda, textos varios, como “Rocio”, “La virtud”, “La esperanza” o fábulas de imaginería floral como “Las dos rosas”, “La adelfa y la pasionaria” o poemas como “Las estaciones” y “El ciprés y la sensitiva”.
En la
Biblioteca Real de Palacio se conservan tres textos manuscritos y firmados por
la propia Carmen, que dedicó a la reina Isabel II. Uno de ellos “El Laurel
de la Reina” hace referencia a la vinculación tradicional que el pueblo de
La Zubia hace con la figura de Isabel la Católica y que ella misma entregó a la
reina Isabel II en el pueblo de La Zubia, cuando esta visitó su propiedad de La
Huerta del Laurel.
Fijó su residencia en Madrid y
contrajo matrimonio en el año 1866. Su muerte fue muy prematura, en el año
1867; pero dejó una única hija, Carmen. Todas las publicaciones que aparecen
con posterioridad a esta fecha son promovidas por su familia, que hizo una gran
labor de promulgación y conservación de su obra. Su yerno, Antonio Serra, sería
un gran promotor de su suegra, a la que personalmente no conoció, pero que
literariamente admiró. Así publicó diversas notas biográficas, entre 1901 a
1912, de Carmen Espejo en el Defensor de Granada o en la revista de
Alicante Iris. [Á.R.R.]

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