

Conocida como María Pacheco, se
calcula su nacimiento en el año 1496, en la Alhambra. Su padre, Íñigo López de
Mendoza, era el alcalde perpetuo de la Alhambra y como hombre ilustrado,
proporcionó a sus ochos hijos, niños y niñas, la misma educación a través del
erudito Pedro Mártir de Anglería. María pudo aprender aritmética, latín, griego
e historia y así ser reconocida como persona ilustrada.
Fue una mujer adelantada a su tiempo
y de carácter fuerte. Muy joven decidió cambiar el orden de sus apellidos para
que no se le confundiera con su hermana que tenía el mismo nombre. Se desposó
en 1510, con 14 años, con Juan de Padilla, hijo del Capitán de Armas de la
ciudad de Toledo, y esto le dio la oportunidad de mostrar su carácter
independiente y luchador al enfrentarse con su padre por el injusto trato que
impuso en su futura herencia y no haber sido consultada.
De un matrimonio, donde fructificó
el verdadero amor, nació un hijo que murió siendo niño. Se trasladaron a Toledo
para que su marido tomara posesión del cargo de Capitán de Gentes de Armas y en
1520, Juan de Padilla, apoyado por María Pacheco, toma parte activa en el
levantamiento de las Comunidades de Castilla contra el rey Carlos I. Los
enfrentamientos bélicos que se producen llegan a su cenit con la batalla de
Villalar donde las tropas sublevadas son derrotadas y sus líderes, entre ellos
Juan Padilla, decapitados en un juicio sumarísimo.
Solo Toledo se mantiene en rebeldía
y ello gracias al gobierno que mantiene María Pacheco, «la leona de Castilla»,
como empieza a ser llamada. Dirige la resistencia de forma implacable a pesar
de las presiones de su propia familia y, en el bando contrario, de sus propios
seguidores. Una vez rendida la ciudad, en octubre de 1521 y ya en febrero del
año siguiente, asalta el Alcázar para liberar a los comuneros presos y consigue
escapar camino del exilio en Portugal. Perdonados todos sus seguidores, ella no
consiguió el perdón real y malvive de la caridad portuguesa hasta su muerte
acaecida en 1531. Su memoria ha sido esporádicamente recordada pero
insuficiente para la relevancia de su figura. [Á.R.R.]
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