No es fácil elevar a la categoría de
delicia un helado artesanal, eso lo hizo Paolo de Rocco en el año 1936, pero
mayor mérito tiene el mantenerlo en el universo de lo único y eso lo ha
conseguido Cecilia de Rocco y para ello tiene que estar investida de un alma
poética y sencilla que volcada en su afán artesanal traduzca a sabores únicos
las mezclas de sus ingredientes. Cecilia que nació en el año 1931 y llegó a
Granada con cinco años, es la mayor de cuatro hermanas que heredaron el negocio
que su padre fundó recién llegado de su Italia natal.
Nació bajo un lema que se ha
mantenido en el tiempo «L’amore non
invecchia», «El amor no envejece» y para ello ha contado con Cecilia que ha
volcado todo su ser en mantener los sabores de siempre y crear las novedades de
moda y pasajeras. También sus hermanas y familia que son las que directamente
hacen el helado y que terminan los demás empleados, casi familia también.
Soltera, cuasi vocacional, «… yo hablo en sueños, pero en vez de
conversar con Robert Reford, hablo con los empleados de helados de limón… »,
ha volcado su vida en la heladería, a la que se incorporó después de los años
de escuela, a la que no era muy aficionada, haciendo sus pinitos en el
fregadero y haciéndose con la gerencia cuando tuvo que hacerlo y donde ha
permanecido 60 años.
Los veranos para ella son símbolo de
monotonía, calor, trabajo y sudor y sin embargo, los otoños, cuando el negocio
cierra, son una orgía de colores que le permiten disfrutar de la naturaleza y
de sus viajes a su pueblo en el norte de Italia. En el mostrador ha demostrado
su personalidad, siempre presente y nunca destacando, siempre atenta y
desapercibida, humilde hasta el extremo, huidiza con los medios de
comunicación, ausente de las noticias de sociedad, pero, observando a todo
aquel que se acerca a degustar el delicioso helado. Decía: «… me impresionan más las personas que los gustos. Aquí se aprende
muchísimo, no por los sabores que eligen, sino el modo, la forma en que lo
piden. Como cogen el cucurucho o dan las gracias ….».
Muere el 6 de abril de 2017, pero
Los Italianos no quedan huérfanos ni desamparados. Quedan en las mejores manos
de la familia de Rocco, donde Cecilia ha dejado no solo las líneas maestras que
marcó su progenitor: trabajo artesanal y discreción, sino también su impronta
de bien hacer y lealtad inquebrantable a la familia. [Á.R.R.]
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